17 ene. 2010

La Gran Vía.Antecedentes históricos






La Gran Vía. Antecedentes históricos

La moda de las reformas
Si Carlos III fue el precursor del urbanismo madrileño, Pepe Botella (José Bonaparte), que reinó desde 1808 a 1813, también dejó su legado en esta ciudad sembrando ideas afrancesadas que son evidentes en la fisonomía de Madrid.


A él se deben el derribo de conventos religiosos, edificios y manzanas enteras que derivaron en plazas como la de Santa Ana, la del Rey, la de los Mostenses, las de San Miguel, la de la Cebada y la de Celenque. También proyectó una gran calle que uniese la Puerta del Sol con el Palacio Real, construyendo así la Plaza de Oriente.

Criticar su afán de remodelación a costa de la pérdida del patrimonio histórico no tiene lugar en este artículo. Posteriores proyectos de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX hicieron desaparecer de la geografía madrileña otras tanas joyas arquitectónicas.

La moda de las reformas urbanísticas imperante en toda Europa no tenía ningún respeto hacia el legado del pasado, ni distinción alguna entre una simple casa y un palacio.

Madrid se transforma
Quizás una de las reformas más importantes de Madrid en el siglo XIX sea la de la Plaza de Puerta del Sol.
Esta plaza tuvo su origen a principios del siglo XVI y constituía un espacio alargado rodeado de un gran desorden de caseríos. Se emplaza en un cruce de caminos, el de Alcalá, Mayor, Arenal y Carrera de San Jerónimo, siendo sus edificaciones más destacadas el antiguo Hospital del Buen Suceso, la Real Casa de Correos y la de Cordero.


En 1852 se aprobará la reforma de la plaza para crear en Madrid un espacio urbano representativo del rango que había adquirido la ciudad como capital del Estado. Sin embargo, las obras se fueron retrasando por la complejidad que suponía expropiar las casas que debían ser demolidas para la creación de la nueva plaza.

Finalmente, en 1854 el gobierno tuvo que declarar las obras de utilidad pública para efectuar los derribos, y dos años después el ingeniero Lucio del Valle comenzaba las obras de la plaza hasta su conclusión en 1862.



El ensanche de Madrid
Hacia 1850, y para evitar el hacinamiento de la población, se consideró necesario que la ciudad de Madrid creciera por el exterior; esto es, que se ensanchara. El ensanche de Madrid fue realizado según un proyecto del ingeniero Carlos María de Castro, aprobado en 1860. Este proyecto contemplaba que la superficie de la ciudad se multiplicara por tres, pasando de 800 hectáreas a 2.294.



Una de las características del proyecto de Castro era que la retícula del ensanche debía estar formada por manzanas regulares. Los intereses urbanísticos motivaron que se construyeran muy pocas manzanas de este tipo.

El plano inferior muestra el crecimiento de la ciudad hacia 1900. Madrid  comienza a experimentar un cambio muy notable.
Los barrios del ensanche se comenzaron a construir lentamente en la década de 1860 y se fue acelerando a finales del siglo XIX con la edificación de buena parte de los barrios de Chamberí, Salamanca, Argüelles y las Delicias, al igual que las barriadas del extrarradio.

El desarrollo de las infraestructuras urbanas y de los medios de transporte, fue  de vital importancia para estos proyectos.


Estos factores contribuyeron a convertir Madrid en una ciudad moderna, en la que se siguieron haciendo actuaciones urbanas importantes con el propósito de convertir nuestra ciudad en una metrópoli.
De estas actuaciones destacan el proyecto de ensanche de la calle de Preciados (o apertura de la Gran Vía) y la construcción de la Ciudad Universitaria.

Será pues el año 1862 la fecha en que la Gran Vía de Madrid comience a tomar forma.


2 comentarios:

victoria eugenia dijo...

Me ha gustado mucho todo lo de la Gran Via. He vivido muchos años en Madrid y aunque vivo bien en Torremolinos siento nostalgia algunas veces y me encanta leer todo lo que a Madrid se refiere. Felicitaciones por el blog.

EDUART GARCIVAL y .... dijo...

Muchas gracias por tu comentario y tu felicitación, María Eugenia.
Madrid es un lugar difícil del olvidar, mejor dicho, es un lugar que nunca se olvida.
Un abrazo