20 feb 2010

Construcción de la Gran Vía - Segunda Fase

En 1916 ya se habían derribado unas 35 casas de un total de 254 pertenecientes al segundo tramo de la Gran Vía o Bulevard. En algunas publicaciones de la época se habla de que fueron 129 las fincas expropiadas.
El coste de la expropiación de esta sección fue de 18.318.863,56 pesetas.

Como recordaréis, los arquitectos Sallaberry y Octavio, bautizaron cada tramo con un nombre, esta fase se llamaría 'Bulevard', pero por poco tiempo.

Denominación de calle de Pi y Margall
En la sesión del Ayuntamiento del día 5 de abril de 1918, siendo Alcalde Francos Rodríguez, se acordó denominar calle de Francisco Pi y Margall a la parte de la Gran Vía comprendida entre la Plaza del Callao y Red de San Luis.

Esta decisión, además de ser homenaje a uno de los Presidentes y principal promotor de la Primera República, tiene quizás una connotación más sentimental por haber sido Pi y Margall vecino de Madrid, con residencia en la plaza del Callao.
Fue en su primer domicilio, en la calle Postigo de San Martín, donde sufrió un atentado en 1884.
Un sacerdote, al grito de "¡Prepárese usted a morir!" le descerrajó tres tiros primero, y otro después, que no dieron en el blanco. Un quinto disparo sonó desde un balcón, donde el sacerdote se suicidó.

Francisco Pi y Margall, 'el glorioso jefe republicano', falleció en Madrid a la edad de 77 años, el 29 de noviembre de 1901.

Las obras
Las obras comenzarán en septiembre de 1917, quedando finalizadas las del primer tramo, conde de Peñalver, que como hemos dicho, estarán comprendidas entre la Red de San Luis y la Plaza del Callao.

Así explicaban los arquitectos Sallaberry y Octavio las características de esta vía:

Esta plaza (la del Callao) se une a la llamada red de San Luis por medio de un boulevard de 35 metros de latitud y 408,60 de largo, cuyo eje, prolongado hasta su encuentro con el de la vía primeramente descripta, forma un ángulo de 145,280, conservando esta dirección hasta enlazar con la calle de San Miguel.

 
  

También desaparecen algunas calles en el nuevo trazado, como la de San Jacinto, Travesía del Desengaño y casi la totalidad de Jacometrezo, y otras sufrieron modificaciones, como es el caso de las calles Desengaño, Mesonero Romanos, Chinchilla, Abadas, Tres Cruces, Salud, Carmen, Valverde... en dos palabras, casi todas.

La Plaza del Callao también sufrió modificaciones, en este caso beneficiosas ya que fue ampliada. (105 metros de longitud por 48 de latitud)

 
 
Así se anunciaba el inicio de las obras del segundo tramo en la revista 'La Construcción Moderna' del 15 de octubre de 1917:


La rasante 
Aquello tuvo que ser monumental. Era necesario el derribo de fincas y desmonte de la vía general, transversales y paralelas para poder rebajar la rasante aproximadamente cuatro metros.
La calle Jacometrezo en su rasante antigua, en relación a la del segundo tramo, era de más de tres metros.

Adiós al Boulevard


Lo que en el primitivo proyecto se ve como un precioso boulevard que dará nombre a la avenida, lleno de árboles, con un paseo central y aceras laterales, se quedará en el papel.

La calle será más ancha que la del conde de Peñalver, 35 metros de ancho y  una longitud de 330 metros, con aceras de 7,5 metros de ancho por 20 de calzada. El arbolado que embellecería esta arteria, que muchos admiraban y otros rechazaban, no haría otra cosa que entorpecer la circulación y por eso fue suprimido.

De esta forma demuestra su descontento el periodista Angel Muñóz de la revista 'La Ciudad Lineal' del 20 de septiembre de 1916:


Es verdad que la idea del boulevard figuraba en el primitivo proyecto del arquitecto D. Carlos Velasco Peinado, que Sallaberry y Octavio rectificaron.
Las nuevas tendencias europeas prescindían de los dichosos bulevares por considerar que tenían más desventajas que ventajas, convirtiéndose al fin en calles o paseos inadaptables.
Afortunadamente los arquitectos rectificaron y la avenida de Pi y Margall pasó a tener el aspecto que hoy muestra.

Las expropiaciones
Como en las obras del primer tramo, aquí también fue complicado construir el entramado de tuberías y alcantarillados, siendo preciso la expropiación de las fincas que quedaban pendiente.

En 1918 sabemos cómo iba el proceso de expropiación gracias a ésta noticia de la revista 'La Construcción Moderna', del 15 de mayo de ese año.
En 1919 el tema de las expropiaciones se encontraba casi concluido, como se informa en esta noticia de la revista 'La Construcción Moderna', del 30 de marzo de ese año.

Doce fueron las nuevas manzanas surgidas de este segundo tramo del proyecto, que se irían poblando con estupendos y monumentales edificios de gran altura. Lamentablemente la opulenta vía no estaba en consonancia con sus calles laterales, estrechas y encajonadas.

Picos, palas y pesetas
Mientras la segunda fase de la Gran Vía llevaba su ritmo de derribos y construcciones, el concesionario de las obras, D. Martin Albert Silver, entregaba el primer tramo urbanizado, es decir la Avenida del conde de Peñalver.
Se levantó acta, y en las Memorias suscritas por el arquitecto inspector facultativo de las obras, D. José Sallaberry, se indicaba:

 
 
Este segundo tramo o fase de la Gran Vía o Avenida de Pi y Margall resultará ser la vía central más importante por su situación, su uniformidad en la rasante y el tipo de edificación, suntuosas casas que alcanzarán nueve alturas (32 a 35 metros).

En 1921 ya era transitable, realizándose la entrega provisional de las obras en julio de ese año y la definitiva el 20 de agosto de 1927.

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