21 may 2010

Edificio de La Gran Peña (1915-1917)

Hemos conocido datos sobre el hoy llamado 'Edificio Metrópolis', antesala de la Gran Vía, y de la casa del Párroco de San José, testigo de primera línea en el momento de la inauguración de las obras.
También hemos dado referencias sobre los edificios construidos en el primero, segundo y tercer tramo de la vía.

Este es el momento de que Gedeón nos cuente detalles e historias sobre cada uno de los edificios. Si bien intentaremos seguir un orden cronológico, nuestro recorrido comenzará en la misma dirección que avanzaron las obras de derribo y construcción, es decir, desde Alcalá hacia Plaza de España.
Sabrán ustedes disculpar si vamos de una acera a la otra, pero es que en tiempos de Gedeón la gente cruzaba la carretera por donde le venía en gana.


La Gran Peña

Comienza Gedeón su relato sobre la Gran Peña, aportando, además, datos sobre la sociedad de los primeros años del Siglo XX. Lo primero que ha hecho es mostrarnos un dibujo en perspectiva del proyecto presentado por los arquitectos.

    

GEDEÓN: - ¡Qué bien plantao quedó este edificio! Quién diría que la Gran Peña comenzó su andadura en las tertulias del Café Suizo, allá por 1869. Famosas eran, y famosos quienes en ellas participaban.
Por aquí tengo unas fotos donde usted puede ver el Café Suizo en su última época y otra de 1905, con el Hotel Continental. Preste atención al escudo de la Gran Peña, justo encima del Café.




La verdad es que aquella Peña tenía una buena cantidad de socios que arrimaron el hombro cuando se decidió sacar a concurso el proyecto de construcción de la Gran Peña en la aún paupérrima Gran Vía. Figurese que entre todos ellos juntaron 1.000.000 de pesetas para el sufragio de las obras, eso dice mucho del nivel que tenían aquellos señores.

Venga, vamos a conversar en una casa que tengo alquilada de forma vitalicia en los altos de la Gran Peña. De paso le invito un Coñac UDALLA.

¿Lo conoce? En 1922 había adquirido gran prestigio, y fue medalla de oro en las Exposiciones de Buenos Aires y Milán de 1910. Se fabricaba, al igual que el anís, en las destilerías Santa María, del pueblo de Udalla, de Santander. El propietario era D. Pedro Ruiz Ocejo, sucesor de D. Baldomero Landa.

¿Qué le parece? ¡Está bueno, sí señor!
Si lo sabré yo, que estuve en la Feria de Muestras de San Sebastián del año 22 y su stand era el más concurrido. Hasta S. M. Alfonso XIII hizo elogios para estos licores.


Bueno, como le iba contando...
El solar, primero de los pares de la Gran Vía, con fachada a esta y a las calles de la Reina y del marqués de Valdeiglesias, tenía una superficie de casi 1.089,85 m² y se valoró a 800 pesetas la unidad.

Los más caros fueron los adquiridos por los Sres. Murga (Red de San Luis, con fachada a la Plaza, Hortaleza y Fuencarral) y Allende (esquina a Gran Vía a Hortaleza y Caballero de Gracia), a razón de casi 1.000 pesetas por m².

En aquellos tiempos, 1912, presidía la sociedad de la Gran Peña el marqués de Portago. En 1914 por fin se hizo realidad la compra del solar, que costó 840.000 pesetas, más los gastos de escrituración. Para entonces la buena administración y buena voluntad de los socios había logrado un capital de 1.400.000 pesetas.

El 14 de abril de 1914 salió el Concurso de Proyectos; para la misma época también salió el del Centro del Ejército y la Armada. La verdad que los proyectos presentados eran directamente proporcionales al presupuesto establecido. Mucho lirili y poco lerele, sabe usted. Conclusión, hubo que declarar desierto el concurso.
Sin embargo, uno de los proyectos estaba casi aprobado por la amplia mayoría de socios de la Gran Peña, así que con unas pequeñas modificaciones se le dió el definitivo; era el presentado por los arquitectos Antonio de Zumárraga y Eduardo Gambra.
1.100.000 pesetas fue la cantidad presupuestada para las obras, que debían estar finalizadas en un plazo de veintidos meses.
Las obras comenzaron en octubre de 1915. Cuando estaban acabando la cimentación de los sótanos, zas, una capa de agua enorpeció y encareció los trabajos. Sume usted 25.000 pesetas al dispendio que llevamos acumulado.

Mire, aquí tengo un viejo ejemplar de la revista 'La Construcción Moderna'. Échele un vistazo, que ahí vienen detalles del concurso y de las obras.


El edificio estaba destinado para Casino y dependencias de la Peña, con una zona para tiendas por la calle de la Reina, y como casas de alquiler, para poder sufragarse. La única casa de alquiler que queda es ésta que usted ve. Para tal fin se establecieron tres entradas diferentes, pero eso se lo cuentan en la ficha técnica. 

Personajes tan ilustres como el conde de Peñalver estuvieron ligados a esta Sociedad. Tal era el nivel que habían comprado un coche para atender a sus socios. Además, el Real Automóvil Club estuvo en estas dependencias. En el año 1919 Alfonso XIII asistió a la ceremonia que aquí se celebró con motivo de cumplirse cincuenta años de la fundación de la Gran Peña.

Y ahora, si le parece bien, vamos a dar un paseo hasta el número 7 de Conde de Peñalver, que le quiero presentar a  mi amigo Perico, un barman espectacular que está trabajando en el 'Pidoux'.



Edificio de La Gran Peña

Proyecto: Arquitectos Eduardo Gambra y Antonio de Zumárraga
Inspector de Obras: Arquitecto D. Joaquín Carrasco

Contratistas: Sres. Levenfeld y Dolz
Año de Construcción: 1915 - 1917
Superficie: 1.089,85 m²
Altura: 25 m en la fachada de Gran Vía y calle del marqués de Valdeiglesias (sin contar los torreones o cuerpos avanzados de la azotea)
Descripción: 7 plantas en altura y 2 plantas en sótano.
Estilo: Renacimiento español Siglo XVIII
Materiales: Zócalos de sillería, ladrillo, mortero de cemento, revoque de cemento en fachadas y entramado metálico...



Detalles: El documento hace referencia a la distribución de las zonas



Planos de Alzada








Planos de Planta









memoriademadrid: Ayuntamiento de Madrid - Expediente - 1915 Descarga en PDF


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18 may 2010

Gedeón de festejos en la Gran Vía de 2010

Gedeón ha estado presente en las fiestas del Centenario de la Gran Vía y pudo comprobar que los madrileños continuamos igual de fiesteros que en su época.


GEDEÓN: -Disculpe usted las trazas que traigo, pero es que he estado con el Alcalde-Presidente en un agasajo.
Luego di un paseo por la pradera de San Isidro Labrador para ver el ambiente. Muy concurrido estaba aquello, aunque eché en falta al buhonero de todos los años que montaba un número más o menos así:


¡Pasen y vean, señores
a la bestia corrupia.
Al pato que hace cua cua 
cuaaatro meses que no come,
y al gato que come serrín
y caga tablones!

(Gracias, Gema!)

Estimado amigo, si para los madrileños de aquellos tiempos los festejos de San Isidro coincidentes con la llegada del cometa Halley eran la repanocha, esto del centenario de la Gran Vía me ha dejado boquiabierto y patidifuso.

¡Y lo bien que se veía la Gran Vía con la alfombra azul!

Le digo con sinceridad que me he pasado por el cielo de los madrileños en busca de don Francos Rodríguez, Aguilera, Romanones y Peñalver; también fui en busca de Sallaberry, Octavio, y todos los arquitectos que participaron en las obras de la Gran Vía y sus edificios. Tenían allí arriba su propio festejo, un poco anticuado sabe, con discursos de los que aburren y todo eso, pero festejo al fin.

Por el agujerito asomaron, supongo yo que con una menopea del quince, beodos de felicidad, aquellos ilustres señores.

Al arquitecto Ignacio de Cárdenas Pastor, constructor de la Telefónica, se le subió el ego al ver en su edificio la película esa que pusieron.
Hay que decir que un poco asustados estábamos, porque si nos parecían cosas de otro mundo las películas de los Lumière, ¡imagínese usted lo que representó ver ese despliegue de sonido, luz y color!

Con una máquina fotográfica de las de ahora pude captar ese momento. Algunos de los asistentes, pegados unos a otros como en el tranvía de Cuatro Caminos, se quejaban de que mi sombrero les cortaba la visual, otros que si les pinchaba con el bastón, y los más suspicaces decían que iba oliendo a alcanfor.
Menos mal que por allí andaban muchos chulapos y chulapas, y gollescos también, entonces mi vestimenta no desentonaba.

Mire; vea que película más moderna:


También capte unas instantáneas de la Gran Vía con su alfombra azul. Por fortuna San Isidro nos dio tregua y la tarde se quedó soleada, aunque por momentos venía un biruji interesante.
Mucho llamó mi atención ver a los paseantes depositando sus sentaderas en plena calle. Unos se sentaban, otros se tumbaban, y algunos hasta merendaban en la pulcra alfombra azul.
A decir verdad, antiguamente, si veíamos un culo depositado en la vía, era por susto o atropello de un coche o un tranvía.


Por la noche, luego de disfrutar de conciertos al aire libre -me gustaron los de la Red de San Luis, muy propios de mi época- llegaron los fuegos de artificio. ¡Que maravilla! 
Digo yo que tuvo que suponer muchos Reales al Ayuntamiento. Fíjese usted que cuando entró Carlos III en Madrid hubo tres noches de fuegos en El Retiro. Aquello costó 100.000 Reales Vellón, sin contar la pólvora y el salitre, que lo puso el Ayuntamiento. (Documento que habla de este tema)


Bueno; hoy nos hemos saltado la historia. Pero esto que he contado el día de mañana también lo será. Agradecido quedo por haber dejado que fuese yo el relator; le aseguro que llevaba cien años esperando este momento. ¡Que digo cien, muchos más! Tenga en cuenta que esto viene desde que Chueca y Valverde estrenaron la zarzuela.


Y ahora, acabado ya el homenaje a la Gran Vía con este despliegue de fuegos, le invito a tomar café al Fornos y disfrutar de la tertulia que en estos momentos estará en pleno apogeo.


Ya verá. Algunos dirán que por qué era azul y no roja la alfombra; otros que lo de la Telefónica era una fantochada; y unos cuantos protestarán porque allí faltó la guardia montada y que nadie invitó a Alfonso XIII, aunque allí estaba.
Luego saltarán los poetas con una oda a la Gran Vía, o al que colocó la alfombra.
Los más intelectuales harán referencias a calles de Nueva York y se dejarán llevar por el aroma del café y el humo del cigarro... por no decir que se irán por los cerros de Úbeda.
Con ese ambiente es normal que Don Manuel se pegase un tiro en 1904. Pero esa es otra historia.

¡Anímese, hombre! El café de Fornos está bajando hacia Cibeles, por el lado izquierdo de Alcalá, justo en la divisoria de aguas. 


NOTA DEL REDACTOR:
Estimados lectores, tengan ustedes en cuenta que Gedeón vive de recuerdos entre nuestro Madrid y el de su tiempo. Si buscan el Café de Fornos se encontrarán con el Starbucks Coffee (Edificio Vitalicio).

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